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LA CRITICA DE TXUSFIN - AVATAR, SEGUNDA PARTE
EL ARBOL DEL BIEN Y DEL MAL. 2ª PARTE: ANTICRISTO, EL ARBOL DEL MAL
Reconozco que me cuesta encontrar dentro de esta película
su propio título "Anticristo”, pues no es precisamente el componente masculino
del mal por excelencia, el protagonista de lo que se nos quiere contar. Sugiere
más bien una declaración de intenciones, una referencia al libro del mismo
título de Nietzsche (lectura que el mismo reconoce) o una broma más de un
director que sabe jugar genialmente con las posibilidades del cine, con los
medios de comunicación y con sus incrédulos espectadores.
Es un paciente habituado a las sesiones de psiquiatría o psicología y parece
haber aprendido a aplicar algunos de sus mejores trucos en sus trabajos (por
ejemplo la hipnosis en "El elemento del crimen” y en "Europa” o las técnicas de
psicología cognitiva en "Anticristo”) para terminar haciendo de su obra
cinematográfica no sólo una búsqueda incesante de sus posibilidades como medio de
expresión artística, sino también de una catarsis: de un espejo donde mirarse,
jugar y reconocer sus demonios, o una cierta terapia de grupo con todos
aquellos a los que provoca una respuesta.
En este caso y dada la "naturaleza” del film sería mejor clasificarla de
exorcismo por sus connotaciones (anti)cristianas, aunque su trasfondo, como yo
apuntaba en la 1ª parte de esta critica, vaya más allá de la brujería tal como
la entendemos hoy en día y alcance a las primeras formas de religión chamánicas
con su creencia en la Diosa Madre Naturaleza.
Porque sin duda, para bien o para mal, es la mujer la protagonista de esta
historia y de esa prehistoria, y en este caso a una Charlotte Gainsbourg
inconmensurable, que consigue convencernos que como actriz tampoco es de este
mundo, le ha tocado serlo para mal.
Tampoco había muchos más candidatos a protagonista, pues en la mayor parte de
la película, como a Eva en el Edén sólo le acompañan Adán (Willem Dafoe en otra
de sus milagrosas actuaciones), la naturaleza con su vegetación y sus animales.
No voy a entrar en la polémica de una misoginia que el propio director niega,
sino en intentar descubrir los trucos que este aprendiz de chamán moderno
esconde en la manga sobre el poder de los símbolos que se esconden detrás de un
cuento oral, escrito o filmado.
Puede que le haya pasado como al Quijote que después de haberse leído una buena
colección de libros de chamanismo y brujería, junto a su peculiar relación con
la fe cristiana nórdica, se montara semejante película en la cabeza que no
tuviera más remedio que filmarla. Algo de lo cual me alegro, pues vuelve a ser
aquel director que además de jugar a provocar es capaz de crear imágenes
inimaginables y regalarnos momentos cinematográficos memorables.
(El resto de la crítica contiene spoilers)
Algunos de los fragmentos en los que está dividida esta
película están entre lo mejor que yo he visto filmado en los últimos años y
otros repiten el esquema de pecado-culpa-sacrificio o castigo que ya ha venido
probando con anterioridad y que ahora nos lo muestra de forma abiertamente
mitológica.
Pero esto no es Pandora, donde las voces hablan a través
de las hojas luminosas. En su Edén los muertos guardan silencio prisioneros
entre las raíces oscuras de un árbol sin vida, el ARBOL DEL MAL: de la muerte,
oscuro, yermo y sin semillas, responsable de la locura de todo aquel que pase
bajo su sombra.
Incluso el roble que vive junto a la casa bombardea el tejado con sus bellotas,
percutiendo como en el tambor de un chamán, alterando la consciencia de la
protagonista (ya poseída por sus estudios de brujería) y la lleva a vivir los
trances más amargos de su vida.
Mientras, el marido psicólogo (la versión científica de las técnicas
psicológicas y del uso de drogas ancestrales) debe también padecer las torturas
de toda iniciación (dando lugar a las famosas escenas de violencia y sexo
sangriento), entrar en la cueva-útero de la Madre Tierra, sufrir una muerte
simbólica con dolor, pues debe renacer para sacrificar el mal de la bruja
durante la noche y en presencia de tres testigos: el cuervo negro que surge de
la tierra y de la cueva, la madre cierva que da luz una cría muerta y el zorro
parlante con su cascabel (otro objeto chamánico) que se proyectan como
constelaciones en el cielo oscuro de la noche, útero de la Gran Madre Cósmica.
Luego la bruja es quemada en la hoguera y el iniciado es capaz de "ver” en el
bosque las almas liberadas por el sacrificio.
O puede que yo también esté exorcizando mis propios fantasmas, que no tenga ni
pies ni cabeza y que mejor nos iría si Lars Von Trier cambiara de psiquiatra y
yo de aficiones.
El por lo menos posee un sentido del humor muy personal
que desconcierta las más de las veces, como el hecho de dedicarle el film a
Andrei Tarkovsky, que aunque en su película "Sacrificio” aparezca una bruja, es
un director con unas señas de identidad en las antípodas de las formas
expuestas en este film.
Más que al director ruso la dedicatoria debiera ir dirigida a David Lynch, por
muchos motivos pero especialmente por la asociación de un lugar salvaje con el
crimen y la posesión de los personajes por lo maligno que desarrolló en Twin
Peaks, que ya influyó al director danés a la hora de crear su serie de culto
”Riget”.
Han pasado años desde la autolesión de "La pianista” de Haneke, decenios desde
el corte del ojo de Buñuel, siglos desde la quema de brujas y milenios desde el
escándalo del pecado original de Adán y Eva y aún hoy sigue provocando gran
rechazo una película como "Anticristo” y una gran aceptación otra como "Avatar”,
quizás para que el equilibrio mitológico entre el bien y el mal se mantenga.
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